Los hostales son un excelente recurso para viajar a precios económicos y conocer viajeros de otras culturas y países, pero son un pésimo lugar para el amor de una noche. Sin duda, un enamoramiento de esos tan fugaces que surgen entre cervezas y tequilas son muy complicados de gestionar para quien duerme en un sitio en el que lo común es compartir habitación con seis, diez o trece personas más. Por hilar más fino aún, lo correcto sería decir que lo complicado no es tanto gestionar, sino consumar. Nos entendemos.
En un “inspirador” artículo que leí hace un tiempo en Brave New Traveler, se mostraban diferentes ideas para que tanto los recién atravesados por la flecha del amor como las parejas ya consagradas pero ávidas también de un buen revolcón, pudiesen calmar sus deseos sexuales dentro de un hostal. Como alternativas a un cómodo e íntimo lecho, se sugería la lavandería, el almacén de los productos de limpieza, la cocina, el tejado o los servicios. Cualquiera de las opciones anteriores puede valer para un momento de locura, siempre que no te importe ensuciarte la pantorrilla con restos de ketchup o restregarte entre detergente industrial para toallas.
Obviamente, todo es mucho más fácil cuando viajas de hotel. Aunque te acompañe algún amigo, siempre puedes apelar a la solidaridad y pedirle que se dé un largo paseo para garantizarte un rato de intensa intimidad. Sin embargo, también es cierto que viajando de hotel es más complicado conocer gente y acabar con la posibilidad de tener sexo. Es la paradoja del viajero donjuán.
Dicho esto, conviene aclarar que lo arriba expuesto no es la razón por la que decidimos hacer el ExperienceLess montados en una autocaravana.
* Este post fue originariamente publicado en el blog de viajes de Trourist.
En un “inspirador” artículo que leí hace un tiempo en Brave New Traveler, se mostraban diferentes ideas para que tanto los recién atravesados por la flecha del amor como las parejas ya consagradas pero ávidas también de un buen revolcón, pudiesen calmar sus deseos sexuales dentro de un hostal. Como alternativas a un cómodo e íntimo lecho, se sugería la lavandería, el almacén de los productos de limpieza, la cocina, el tejado o los servicios. Cualquiera de las opciones anteriores puede valer para un momento de locura, siempre que no te importe ensuciarte la pantorrilla con restos de ketchup o restregarte entre detergente industrial para toallas.
Obviamente, todo es mucho más fácil cuando viajas de hotel. Aunque te acompañe algún amigo, siempre puedes apelar a la solidaridad y pedirle que se dé un largo paseo para garantizarte un rato de intensa intimidad. Sin embargo, también es cierto que viajando de hotel es más complicado conocer gente y acabar con la posibilidad de tener sexo. Es la paradoja del viajero donjuán.
Dicho esto, conviene aclarar que lo arriba expuesto no es la razón por la que decidimos hacer el ExperienceLess montados en una autocaravana.
* Este post fue originariamente publicado en el blog de viajes de Trourist.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada