La televisión es algo cada vez más educativo. Lo nauseabundo de su programación es un inmejorable incentivo para que dediquemos nuestro tiempo, nuestro bien más preciado, a otros menesteres más interesantes y enriquecedores. Ya lo decía el gran Groucho Marx varias décadas atrás: “la televisión ha hecho maravillas por mi cultura; en cuanto alguien la enciende, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”.
Algún día, me gustaría ver una televisión diferente, más didáctica y divertida, menos chabacana y manipuladora. Mientras tanto, la televisión será poco más que un elemento de decoración en mi salón. Sin embargo, hecha esta crítica, creo que razonable, me gustaría salir en defensa de esos “personajes de pandereta” que frecuentan los platós de los programas más infames. Hablo de gente como Belén Esteban, “La Esteban”.
A los miles de telespectadores que se burlan de Belén Esteban y la sitúan como icono de la estupidez, de la España más vulgar, pero que ven los programas en los que ella aparece, sólo les puedo decir que ellos son los estúpidos y los vulgares. Sinceramente, Belén Esteban tiene todos mis respetos, pues siendo una maestra de la ordinariez y del disparate, sabe ponerlo en valor (se gana la vida con ello).
Algún día, me gustaría ver una televisión diferente, más didáctica y divertida, menos chabacana y manipuladora. Mientras tanto, la televisión será poco más que un elemento de decoración en mi salón. Sin embargo, hecha esta crítica, creo que razonable, me gustaría salir en defensa de esos “personajes de pandereta” que frecuentan los platós de los programas más infames. Hablo de gente como Belén Esteban, “La Esteban”.
A los miles de telespectadores que se burlan de Belén Esteban y la sitúan como icono de la estupidez, de la España más vulgar, pero que ven los programas en los que ella aparece, sólo les puedo decir que ellos son los estúpidos y los vulgares. Sinceramente, Belén Esteban tiene todos mis respetos, pues siendo una maestra de la ordinariez y del disparate, sabe ponerlo en valor (se gana la vida con ello).
Conseguir un nivel de sofisticación muy alto en cualquier campo, aprender hasta rozar la maestría, cuesta 10.000 horas. La regla vale para cualquier habilidad, tanto para analistas bursátiles, como para guitarristas (son varios los estudios que así lo demuestran). Y como decía, Belén Esteban es una maestra en su campo. A base de perseverar durante años en ser simple e ignorante, ha conseguido ser una de las mejores en ello. Eso, estimado lector que pasa el rato viendo programas pueriles, debería hacerte reflexionar: ¿cuántas horas me quedan para convertirme en maestro de la vulgaridad y la estupidez?, ¿de verdad quiero dedicar mi tiempo a ser cada día, más parte de esa España despreocupada que tratan de construir los medios?, ¿quién es el idiota?, ¿Belén Esteban metiéndose billetes a la buchaca o yo que pasando un rato estéril enfrente del televisor dejo de hacer otras cosas más valiosas?
Todo el mundo sería feliz si descubriera su verdadera riqueza. Esto lo dijo Baltasar Gracián en el siglo XVII, pero lo que no dijo es que hay riquezas que valen más que otras. El tiempo es oro, empleémoslo con inteligencia.
Todo el mundo sería feliz si descubriera su verdadera riqueza. Esto lo dijo Baltasar Gracián en el siglo XVII, pero lo que no dijo es que hay riquezas que valen más que otras. El tiempo es oro, empleémoslo con inteligencia.


1 comentarios:
Hay gente que más que vivir solo se limita a existir
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