A lo largo de la historia del alpinismo ha habido dos formas muy diferentes de entender una expedición, el estilo tradicional y el estilo alpino. Dos formas de afrontar el ataque a una cumbre, que como explicaré a continuación, se pueden extrapolar a otros ámbitos más importantes de la vida y que nos incumben a casi todos.
El estilo tradicional es un tipo de expedición que se caracteriza por responder a una estructura piramidal, en la que bajo la dirección de un jefe autoritario, trabajan cientos de porteadores de baja cota, alpinistas y porteadores de altura, hasta que finalmente uno, dos o tres hombres alcanzan la cumbre. Esta estructura no sólo requiere una gran cantidad de material (con frecuencia diez o veinte toneladas) sino también una vasta organización. Una expedición de este tipo dura mucho tiempo y es peligrosa por los aludes. Además, no asegura el éxito: los periodos de buen tiempo no pueden ser aprovechados al instante debido a la pesadez de todo este aparato.
El estilo alpino, fruto de la filosofía de la renuncia, es una innovación que Reinhold Messner, el más laureado de los alpinistas, introdujo con éxito en la década de los setenta. Este estilo se caracteriza por acometer una subida sin indicaciones preliminares, sin ayuda externa, sin trabajo preparatorio. El estilo alpino es más rápido, más meritorio y menos peligroso. Al descomponer una expedición en las más pequeñas unidades posibles y lograr que cada una de estas unidades asuma la tarea asignada, se garantiza la mayor flexibilidad posible así como un máximo poder de penetración.
Lo arriba presentado, es una invitación a reflexionar sobre qué estrategia seguimos cuando salimos de bares deseosos de disparar con éxito la flecha del amor. Sin que haga falta mucha imaginación, el estilo tradicional se puede comparar con la típica cuadrilla multitudinaria de entre diez y veinte gañanes que entra a los bares cual legión romana en combate, y el estilo alpino, en cambio, con aquellos que optan por salir de fiesta con dos o tres amigos más y sin ánimo de espantar al respetable. Contra todo signo de inteligencia, en Euskadi abunda el estilo tradicional (algo que resulta paradójico cuando los alpinistas vascos son unos de los mejores exponentes del estilo alpino en las más altas cumbres del Himalaya).
Si bien podría compartir cientos de pequeños ejemplos de por qué aquellos que optan por el estilo tradicional en los bares son unos pésimos estrategas, voy a concentrarme en las dos desventajas a las que mayor importancia concedo. Por un lado, la lentitud en la toma de decisiones y la consiguiente pérdida de oportunidades. Por ejemplo, cuando parte del grupo/cuadrilla no puede cambiar de bar junto con unas chicas porque fulanito se acaba de pedir un trago. Por otro lado, la poca flexibilidad y poder de penetración dentro del propio bar. Cuando catorce maromos, cubata en mano, cruzan los ochenta metros de un bar para acabar rodeando a un grupo de cuatro chicas, casualmente las más guapas, se enteran de la invasión hasta en el cuartel general de la T.I.A . No es el método en absoluto, y menos aún, cuando los catorce maromos, para destacar del resto, empiezan a hacer el ridículo con saltos, bramidos o tirones de pelo.
Como broche final a este post, mi recomendación es que dividáis para siempre vuestras cuadrillas en grupos de tres o cuatro personas. Siempre podréis juntaros en la sociedad para cenar y jugar a cartas, pero nunca para salir de fiesta. Ese no es escenario para ninguna expedición tradicional. Obviamente, este consejo no es la panacea a todas vuestras dificultades nocturnas, pero aquellos que no me hagan caso tendrán más posibilidades de acabar con las sobras de las cinco de la mañana y aspirar, como mucho, a iguanas, cocodrilos, y reptiles de todo tipo. Hoy es sábado. Buenas noches y buena suerte.
El estilo tradicional es un tipo de expedición que se caracteriza por responder a una estructura piramidal, en la que bajo la dirección de un jefe autoritario, trabajan cientos de porteadores de baja cota, alpinistas y porteadores de altura, hasta que finalmente uno, dos o tres hombres alcanzan la cumbre. Esta estructura no sólo requiere una gran cantidad de material (con frecuencia diez o veinte toneladas) sino también una vasta organización. Una expedición de este tipo dura mucho tiempo y es peligrosa por los aludes. Además, no asegura el éxito: los periodos de buen tiempo no pueden ser aprovechados al instante debido a la pesadez de todo este aparato.
El estilo alpino, fruto de la filosofía de la renuncia, es una innovación que Reinhold Messner, el más laureado de los alpinistas, introdujo con éxito en la década de los setenta. Este estilo se caracteriza por acometer una subida sin indicaciones preliminares, sin ayuda externa, sin trabajo preparatorio. El estilo alpino es más rápido, más meritorio y menos peligroso. Al descomponer una expedición en las más pequeñas unidades posibles y lograr que cada una de estas unidades asuma la tarea asignada, se garantiza la mayor flexibilidad posible así como un máximo poder de penetración.
Lo arriba presentado, es una invitación a reflexionar sobre qué estrategia seguimos cuando salimos de bares deseosos de disparar con éxito la flecha del amor. Sin que haga falta mucha imaginación, el estilo tradicional se puede comparar con la típica cuadrilla multitudinaria de entre diez y veinte gañanes que entra a los bares cual legión romana en combate, y el estilo alpino, en cambio, con aquellos que optan por salir de fiesta con dos o tres amigos más y sin ánimo de espantar al respetable. Contra todo signo de inteligencia, en Euskadi abunda el estilo tradicional (algo que resulta paradójico cuando los alpinistas vascos son unos de los mejores exponentes del estilo alpino en las más altas cumbres del Himalaya).
Si bien podría compartir cientos de pequeños ejemplos de por qué aquellos que optan por el estilo tradicional en los bares son unos pésimos estrategas, voy a concentrarme en las dos desventajas a las que mayor importancia concedo. Por un lado, la lentitud en la toma de decisiones y la consiguiente pérdida de oportunidades. Por ejemplo, cuando parte del grupo/cuadrilla no puede cambiar de bar junto con unas chicas porque fulanito se acaba de pedir un trago. Por otro lado, la poca flexibilidad y poder de penetración dentro del propio bar. Cuando catorce maromos, cubata en mano, cruzan los ochenta metros de un bar para acabar rodeando a un grupo de cuatro chicas, casualmente las más guapas, se enteran de la invasión hasta en el cuartel general de la T.I.A . No es el método en absoluto, y menos aún, cuando los catorce maromos, para destacar del resto, empiezan a hacer el ridículo con saltos, bramidos o tirones de pelo.
Como broche final a este post, mi recomendación es que dividáis para siempre vuestras cuadrillas en grupos de tres o cuatro personas. Siempre podréis juntaros en la sociedad para cenar y jugar a cartas, pero nunca para salir de fiesta. Ese no es escenario para ninguna expedición tradicional. Obviamente, este consejo no es la panacea a todas vuestras dificultades nocturnas, pero aquellos que no me hagan caso tendrán más posibilidades de acabar con las sobras de las cinco de la mañana y aspirar, como mucho, a iguanas, cocodrilos, y reptiles de todo tipo. Hoy es sábado. Buenas noches y buena suerte.


8 comentarios:
Jajaja muy bueno Imanol, vamos a tener que darte una columna estilo Sexo en Nueva York a ver si conseguimos que tus reflexiones se vayan interiorizando en el sector masculino, que hay cada uno por ahi...;-)
Bea
¿Algo así como Sexo en Donostialdea? Igual hasta hay alguna subvención del Ayuntamiento, jaja.
Grandioso. De lo mejorcito que te he leído.
Ondo segi.
Grandioso. De lo mejorcito que te he leído.
Ondo segi.
No sé porque el estilo tradicional trae a la mente la palabra terrorista...Serán cosas mias!!
jajaja, que bueno Pesca.
Tranquilo el estilo tradicional (terrorista) siempre se puede convertir en alpino si tus amigos se van a casa y otro amigo te hace la del wingman.
Ponlo en práctica por Londres a tope. Cuidate chuchel.
Juaaaaaas
Joder, mafias, acabo de leer las últimas 4 entradas del blog. Qué descojono, macho. Y además, tienes más razón q un santo.
Cuando descubra cuál es el modus operandi en la fiesta nocturna cairota te haré un informe. De momento salí el viernes pasado y el resultado no pudo ser peor. Acabamos en un bar con amplias posibilidades de triunfar. Ya que la mitad eran gays y la otra mitad putas.
En fin, un saludo desde la orilla del Nilo. Y otro para Pesca y sus compañeras de piso...
Ese Yaku! Ya sabes que tienes las puertas abiertas para escribir un post sobre la noche egipcia. Será interesante conocer tus aventuras. ¿Hay alguna peña del Athletic en El Cairo? ¿Y de Julen Guerrero? Un abrazo y disfruta!
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