17 de noviembre de 2009

Haciendo el ridículo Aznar no fue el primero

Lo del “estamos trabajando en ello” de Aznar fue de vergüenza ajena, el súmmum de la estupidez. Pero quien piense que fue el actual presidente de honor del PP el primer infectado del virus de lo que como experto he catalogado “bienquedismo grotesco y nauseabundo”, está muy confundido. Este virus se remonta a tiempos más lejanos e infecta las calles de Euskadi con especial virulencia.

Esta enfermedad, además de a políticos como Aznar, ataca a gente normal. Gente con la que trabajamos. Gente con la que coincidimos en el supermercado. Gente con la que, incluso, quedaríamos para tomar una cerveza. En todos los casos, se trata de gente que habla más o menos bien la lengua española pero que no tiene ni pajolera idea de euskera. Gente que tiene la espantosa costumbre de transformar su lenguaje y su entonación cuando se junta con alguien que sí habla euskera habitualmente o como primera lengua.



Desconozco si lo hacen por una mal entendida empatía o si es simple subnormalidad, pero me da rabia ver a la gente hacer el ridículo así. A algunos les da por asentir repetidamente con un “bai/bai” o un ultrapijosuperondo”, otros son capaces de prostituir voluntariamente su gramática con frases como “si saldrías esta noche te lo pasarías bien”, y hay también quien con un léxico normal en español intenta ponerle tono de euskera de caserío. El resultado es patético en todos los casos.

Mi opinión es que todos tenemos que ser conscientes de lo que sabemos y de lo que no sabemos. Y mostrarnos siempre tal y como somos. Si no sabes euskera y quieres hablarlo con cierta fluidez, no digo dominarlo, lo lógico es apuntarte a un Euskaltegi, escuchar Euskadi Irratia, echarte una novia de Hernani, comprar una entrada para el campeonato de bertsolaris, o en general, hacer algo que te ayude a conseguir dicho objetivo. Pero lo que me parece mal es no dedicar ni diez minutos al año a aprender euskera y estar luego repitiendo monosílabos como un loro retardado, o cambiando la entonación como los penosos reporteros de la tele que se hacen pasar por argentinos. En fin.

29 de octubre de 2009

Miedo, sociedades, círculos cerrados y frustración, mucha frustración.

Lo que os voy a contar en los próximos cinco minutos es muy importante. ¿Por qué no se folla en Euskadi?¿Cuáles son las claves que explican este nocivo disparate? Como no podría ser de otra manera, mi teoría es completamente sólida y la publico con el loable objetivo de provocar reflexión, a la vez que aportar mi granito de arena para intentar acabar con esta lacra que nos invade.

El origen del problema está en un concepto tan concreto y antiguo como el miedo, que afecta a la sociedad vasca a todos los niveles. Miedo a romper las normas establecidas, y así mismo, miedo al qué dirán. Pero antes de pasar a lo sexual, permitidme que os lleve a un terreno que bien podría ser considerado igual de placentero: la gastronomía. El viaje es hasta una cualquiera de las muchas sociedades gastronómicas que abundan por las calles de Euskadi, en las que la buena comida y un mejor ambiente hacen de éstas uno de los principales elementos de nuestra cultura. Sin embargo, ¿cuántos vascos osan aplicar conceptos de la nueva cocina cuando están en una sociedad?, ¿alguien ha visto alguna vez que en una sociedad se elaboren lazos de zanahoria con sorbete concentrado de mandarina y almendra? La respuesta es que no. Y la razón el miedo, el no romper con las normas no escritas, el qué dirán, el mismo diagnóstico presentado anteriormente para explicar “el gran problema vasco del no follar”.



Dejando ya el ejemplo anterior, que espero haya servido de reflexión preliminar, nos metemos de lleno en materia. Como decía, el miedo tiene dos vertientes. Por un lado, el miedo a alterar el sistema de relaciones que se han ido formando a lo largo de los años: “es que menganito estuvo saliendo con fulanita” o “es que zutano es de esa cuadrilla de pijos” son sólo dos casos en los que la mayoría de los vascos se muestran muy poco dados a la permeabilidad. Una buena expresión de este miedo es la formación circular que adopta cualquier cuadrilla en un bar, que rara vez se rompe. El círculo cerrado, es sin duda, un dique para entablar conversación y todo un error para aquellos que quieren lanzar flechas al amor. Los americanos, que para esto son más listos, se colocan de dos en dos y os aseguro que les va mucho mejor.

Por otro lado, nos encontramos ante el famoso miedo al qué dirán. Este problema tiene su raíz en lo pequeño de las ciudades vascas en cuanto a número de habitantes, pues en estas condiciones, es más complicado pasar desapercibido para aquellos que se aventuran a dar el paso de estar con “cocodrilos”, “focas”, o en definitiva, cualquier persona que no cumple rigurosamente los estándares mínimos de belleza. Mi opinión es que en cuanto una persona cree que es ínfimamente más atractiva que la persona que le está echando los tejos, la segunda aborta la misión por el sólo motiva de no rebajarse, por el qué dirán los demás. Obviamente, esto complica mucho la formación de parejas tanto estables como esporádicas, delimitando el campo de juego y los equilibrios hasta límites insospechables.

La única solución posible es que las autoridades pertinentes, para felicidad de sus clientes-ciudadanos, financien una “invasión” de extranjeros a Euskadi. Pero tiene que tratarse de hordas y hordas, aunque sean gordas, de depravadas criaturas sexuales, pues mientras los autóctonos sean mayoría, los extranjeros imitarán su comportamiento y el problema no se solucionará. Así es como sucede en la actualidad con los pocos Erasmus que nos visitan y que apenas duran unas semanas bailando pegados a su pareja y diciendo las cosas que todos pensamos pero que nadie se atreve a decir.

Para acabar, hacedme caso y quedaos con que la mayoría de la gente está demasiado ocupada pensando qué piensan los demás de ellos como para tener tiempo para pensar en ti. Y hacedme caso también en que aquellos que no quieren fracasar, tampoco consiguen nunca avanzar. ¡Ánimo y mucha suerte!


13 de octubre de 2009

¿Merece la pena ir a un evento?

Me da igual que traten sobre innovación, sobre periodismo, sobre Internet o sobre los hábitos sexuales de los monos bonobos. El formato de grandes eventos con muchas ponencias está caducado, condenado a morir. Aunque mientras languidece, Directores de Comunicación con poca imaginación se empeñan en gastar cantidades ingentes de dinero en ellos. Supongo que será porque un evento es una buena oportunidad para lucirse y justificar su sueldo.



Sin duda, hubo un tiempo no tan lejano en el que el conocimiento no fluía tan fácilmente, un tiempo en el que asistir a este tipo de eventos te acercaba a puntos de vista diferentes, difíciles de encontrar de otro modo. Pero en 2009 hasta el más tonto tiene un blog en el que comparte sus reflexiones. Por tanto, basta una pequeña búsqueda en Internet para dar con aquello de lo que se va a hablar en las ponencias. Y normalmente, lo que está escrito suele estar mejor expresado que lo que se habla.

Habrá quien argumente que esto no es así, que es mejor escuchar las ponencias de viva voz. No lo creo. ¿Alguien se cree que esta gente, tanto los que se autoproclaman gurúes como los que no, vayan a decir en una ponencia más de lo que digan en su web, su blog o su libro? Puede que sí haya ponentes que sea interesante ver en persona, pero es más por conocer al personaje que por escuchar qué dice. Aquellos que acuden a una charla titulada “Cómo hacerse rico en Internet” con la intención de encontrar El Dorado, no son más que unos ilusos.

Me parece que no soy el único que considero estos eventos un fraude. Basta echar un rápido vistazo por las butacas para ver que la mayoría de los asistentes se centran en actividades tan relacionadas con la atención al ponente como hablar por teléfono, redactar mails, twittear en qué ha consistido el desayuno, o sin más, en echar una pequeña cabezada. Hagamos un análisis serio, ¿quién asiste a estos saraos? Casi siempre suelen acudir los mismos tipos de personas; es decir: los que hacen de ponentes, los becarios de la empresa que organiza el evento para hacer bulto y evitar que los ponentes se corten las venas por presentar delante del vacío un powerpoint al que le han dedicado unas cuantas horas, proveedores que por compromiso no pueden decir que no, gente que no tiene nada mejor que hacer como profesores de Universidad o funcionarios de algún centro público dedicado a investigaciones tan necesarias como la innovación aplicada a la cría de gallinas de origen caucásico, casados hartos de su pareja a los que les apetece echar una buena farra, y por último, pelotas que por estar empezando o estar sin trabajo dan la chapa a todo dios para dejarles su tarjeta de contacto con el sueño de que les van a escribir nada más llegar a casa.

Dicho esto, tengo que dejar bien claro que asistir a eventos es fundamental para el buen éxito de cualquier negocio. De conocer a gente nueva surgen oportunidades que es imposible que se den mientras trabajamos en la oficina. Pero si la gente lo que quiere es relacionarse, son innecesarias las ponencias que ocupan uno, dos o incluso tres días enteros. Hay que ir a formatos mucho más ágiles que estén puramente enfocados a la relación, a los que pueda acudir cuanta más gente mejor y que a poder ser transcurran alrededor de unas cervezas y algún tentempié. Por ejemplo, Pintxos&Blog (a nivel de Gipuzkoa), Bazkaria (a nivel de Euskadi) o Iniciador (a nivel de España).

1 de octubre de 2009

Como con los nazis, el invierno acabará con vosotros

La Operación Barbarroja fue el nombre en clave dado por Adolf Hitler para el plan de invasión de la Unión Soviética por las Fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Dicha operación abrió el Frente Oriental, que se convirtió en el teatro de operaciones más grande de la guerra, escenario de las batallas más brutales.

La Operación Barbarroja significó un duro golpe para las desprevenidas fuerzas soviéticas, que sufrieron fuertes bajas, casi un millón de muertos, y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo. No obstante, la llegada del invierno ruso acabó con los planes alemanes de terminar la invasión, y el Ejército Rojo pudo contraatacar y anular las esperanzas de Hitler de atestar un golpe mortal a las tropas soviéticas. En definitiva, lo que parecía una fácil victoria nazi, se convirtió en triunfo soviético.

Esta sanguinaria batalla, es una de las más famosas de la Segunda Guerra Mundial pues se dice que fue el "general invierno" el que con su climatología adversa acabó con la capacidad militar y moral del combatiente alemán. Esto ocurría en el año 1941.

Ahora pasamos rápidamente 68 años de historia y llegamos hasta la San Sebastián actual. Concretamente, hasta el callejón de Bartolomé, mi residencia habitual. Allí, todas las tardes de las últimas 20 semanas, mientras la gente de su edad iba a la playa, un grupo de adolescentes que se creen muy guays por fumar más porros que Bob Marley ha emprendido una batalla tan importante o más que la Operación Barbarroja, la batalla contra mi paciencia.

Estos jóvenes insurgentes, que no tienen ni la decencia que tenían los nazis para vestirse como es debido, van siempre con los pantalones por las rodillas y con piercings hasta en el poco cerebro que tienen, que tampoco tienen educación, se pasan toda la tarde intentando pequeños ataques basados en la subnormalidad: escuchar la música hip-hopera más fétida, verter cantidades ingentes de basura sobre los coches aparcados, practicar un bulling feroz y cruel sobre el más débil de sus compañeros, mirar amenazante y despectivamente a los que por allí pasan, etc. Sus maniobras son infinitas y siempre tienen el objetivo de joderme a mi y al resto de civiles que abundan la zona. En serio, si supieseis el número de siestas que me han fastidiado este verano, os reiríais del millón de personas que perecieron por culpa de la Operación Barbarroja.

Mi paciencia fue herida hace ya tiempo, y ante la falta de movilización del resto de vecinos, empecé a pensar en combatirles con técnicas de guerrilla primero, atentados esporádicos con material avícola (huevos), y con técnicas de ejército después. Aunque fuesen una veintena de hijosdeputa no me asustaba la pelea cuerpo a cuerpo. Sin embargo, para salvaguardar mi paz interna, la entereza de mis nudillos y no tener que responder ante ningún tipo de tribunal, decidí aprender de la Historia, y al igual que los soviéticos encomendarme al "general invierno".

Estoy convencido que más pronto que tarde, y sin que lleguen a preverlo, el frío, y sobre todo la lluvia que tanto caracteriza a la ciudad de San Sebastián, acabarán con esta panda de jóvenes que no saben aprovechar la buena vida. Sinceramente, no puedo desear otra cosa que no sea su fulminantemente eliminación del callejón. Por lo menos hasta el verano que viene. Y para entonces, ya habré aprendido técnicas sofisticadas de dispersión.

PD: Para los que quieran profundizar sobre este episodio de la Segunda Guerra Mundial, ahí va la primera parte del documental pertinente:

Los amos del espectáculo

Seis meses estudiando en Estados Unidos son insuficientes para conocer a fondo tan extenso país. Pero sí que sirven para dejarte sorprender por algunas de las costumbres, aptitudes y motivaciones que más difieren de aquellas que tenemos al otro lado del Atlántico.

Recuerdo que una de las cosas que más me sorprendieron durante los primeros días fue la increíble manera de comer pipas que tienen los estadounidenses. Si aquí todos los mortales lo hacemos pelándolas una a una, allí la técnica es muy diferente. Se meten medio paquete de pipas en la boca, se las colocan en un lado y se van pasando las cáscaras al otro lado mientras las van pelando y comiendo. Raro pero verídico.

Pasando a cosas más serias, tengo que reconocer que lo que más me llamó la atención es la gran habilidad que tienen los estadounidenses para hacer de la puesta en escena un arte. Un servidor, que ha estado en clases guipuzcoanas y californianas, puede dar fe de que sin apenas excepción, los estadounidenses son los amos del espectáculo. Son capaces de hacer atractiva la idea más absurda. Todo ello con una naturalidad pasmosa y sin ningún tipo de miedo al fracaso o a la vergüenza.

Y uno se hace mayor y se da cuenta que este tipo de competencias, como la habilidad para hablar en público y hacer presentaciones entretenidas son las que marcan la diferencia entre buenos profesionales y profesionales excelentes. Competencias que apenas se trabajan en las escuelas españolas. Por eso, me da pena cuando pienso que de pequeño la educación que recibí en la escuela era mayoritariamente estéril y aburrida. Vamos, como la mayoría del profesorado. Lo digo a modo de sugerencia ahora que se quiere llegar a un pacto sobre educación. Hay que mejorar la educación ya en todos sus frentes. ¿Qué preferimos tener Obamas o Zapateros? ¿Cuánto tiempo hace que un español no gana un Nobel de algo? De todas formas, España tiene la mejor liga del mundo. Eso es lo más importante.

Por cierto, este post me ha surgido viendo el concierto que los Black Eyed Peas dieron en Chicago para inaugurar la nueva temporada del programa de Oprah Winfrey. Sencillamente genial.

Ver el vídeo en youtube: pulsa aquí

28 de septiembre de 2009

Señores gobernantes, hagan el favor de...

De un tiempo a esta parte, ha aumentado escandalosamente el número de perros per capita que nos encontramos en la mayoría de ciudades españolas. Lo cual me parece muy grave. No sólo por razones éticas y morales, sino por la merma de calidad de vida que supone para aquellos ciudadanos que no son capaces de tomar decisiones racionales por sí mismos.



Aunque no quiero profundizar demasiado entre las razones éticas y morales por las que tener un perro en una ciudad me parece deleznable, hay dos que sí quiero destacar sobre las demás. Por un lado, la egoísta excentricidad de gastar dinero en peluquerías caninas o en ropa de abrigo para perros, mientras millones de niños se mueren de hambre todos los días. Discurso fácil sí, pero a veces es conveniente no olvidar en qué mundo vivimos y todas las tonterías que hacemos en él. Por otro lado, la crueldad que supone obligar a una especie animal a vivir en un hábitat que no es el suyo, rodeados de toneladas de ruido y cemento, cuando lo que necesitan los perros es la libertad del campo y la vida que allí acontece.

Pero más grave aún me parece el poco sentido común de algunas personas, el poco amor que demuestran hacia sí mismas. En serio, ¿cómo puede merecer la pena sacar a pasear al perro cuando vuelves de fiesta a las ocho de la mañana y lo único que quieres es caer en el más profundo de los sueños? Y peor aún, ¿qué hay más asqueroso y humillante que ir recogiendo excrementos de perro por las aceras un día sí y otro también porque el maldito perro es de culo fácil?

Conclusión, hay algunas ocasiones, muy pocas, en las que es preciso que los gobiernos intervengan para salvaguardar los intereses de aquellos ciudadanos que no son capaces de tomar decisiones correctas por su cuenta. Obviamente, una de esas ocasiones es ésta. Señores gobernantes, tomen por una vez una decisión decente: PROHIBAN LOS PERROS EN LAS CIUDADES.

Nota: Aquellos que no estén de acuerdo con mi opinión, antes de increparme os ruego reflexionéis sobre esta ingeniosa cita de Aldous Huxley:
“Para su perro, todo hombre es Napoleón; de ahí la constante popularidad de los perros”

18 de septiembre de 2009

Jennifer, argucias y un despertar

Cuando los ingresos empiezan a bajar, los bancos se vuelven más sofisticados en la técnica de la argucia. Perdón, quería decir telemarketing. Lo digo a raíz de una experiencia que he tenido hoy por la mañana.


Eran las 10:35, hora de máxima productividad para quien esto escribe. Suena mi móvil y aparece en pantalla el número 662990936. Al ser un número de móvil aparentemente normal, cojo la llamada. Era Jennifer, de Bankinter.
Argucia número uno: te llaman de un móvil porque efectivamente los consumidores estamos hartos de que nos llamen a todas horas para vendernos cosas que no necesitamos, y ya hemos aprendido que cuando aparece en pantalla un número largo no tenemos que contestar.
Nuestra querida Jennifer, nos podemos referir a ella como Jenny, me dice que la conversación va a ser grabada por motivos de seguridad.
Argucia número dos: la grabación de la llamada no es por seguridad, sólo se trata de un subterfugio legal que confirma que en los próximos minutos te van a intentar vender algo (aunque en el momento no te des cuenta).
Supuestamente, la llamada de Jenny tiene por objetivo informar de que mi tarjeta de crédito está a punto de caducar y que me van a mandar otra. Me pregunta a ver si me ha llegado ya y le digo que no. Me dice que esté tranquilo que no tardará mucho. Le doy las gracias por el aviso, y cuando pensaba que la conversación ya había llegado a su fin me empieza a hacer preguntas varias: que si he perdido la tarjeta alguna vez, que si conozco el procedimiento a seguir en caso de perder la tarjeta...
Argucia número tres: darle forma de llamada informativa o de encuesta de satisfacción a un intento de venta. Y de paso, intentar fabricar una necesidad en el cliente.
Después de tres breves contestaciones por mi parte, y sin darme cuenta, Jenny se ha puesto a hablar a una velocidad alucinante (tanto si estaba leyendo como si se lo sabía de memoria, me ha parecido una autentica crack). Al principio le he hecho caso: que si sabía que Bankinter me podía asegurar las tarjetas de cuatro personas más, que si sabía que si se me perdía la maleta en el extranjero me daban nosecuantos euros...En resumen, un rollo.
Argucia número cuatro: hablar rápido, dar un montón de información, poner casos de uso favorables para el cliente. Todo para crear confusión, hacerte pensar que eres un completo idiota si no contratas el servicio que te están intentando vender (aunque todavía sigas sin saber que te están vendiendo algo).
Cuando ya llevaba unos minutos desconectado de la conversación, leyendo el correo en el ordenador, haciendo eso de ah, si, ah, mmm, bien, por ser educado y no colgar, ha llegado la pregunta mágica que me ha despertado de mi letargo: “Entonces Imanol, ¿le contrato el servicio comosellame?
Argucia número cinco: intentar colarte un producto como que no quiere la cosa.
Es ahí cuando le he preguntado a ver si me estaba vendiendo algo, y me ha explicado que sí, que ya me había dicho que el servicio comosellame tenía un coste de 49€. Yo tampoco se lo he discutido. Seguramente me lo haya dicho, eso sí, a una velocidad indescifrable para cualquier oído humano y en medio de una chapa de más de 5 minutos.

Como reflexión, y sin entrar a insultar a esta gente que te interrumpe sin permiso mientras estás trabajando, me gustaría decir que quienes dirigen a personas como Jenny, son los que denigran la profesión de los que nos dedicamos al Marketing en mayor o en menor medida. Tal vez sea su trabajo, pero yo no estoy en el mismo saco. A los clientes no hay que intentar estafarlos. Eso es de hijosdeputa.

17 de septiembre de 2009

El zeppelin de trourist echa a volar

Hoy es un día muy especial, ha llegado la hora de lanzar trourist en abierto, de mostrárselo al mundo después de un intenso año de trabajo. Llevábamos tres meses en beta privada y la verdad es que sólo tengo palabras de agradecimiento para todos aquellos viajeros que con sus ideas y sugerencias nos habéis ayudado a sacar esta versión mejorada de trourist, para todas esas personas que han compartido excelentes experiencias con la comunidad.

Para los que ya sois usuarios, estás son las principales mejoras que os vais a encontrar respecto a la versión anterior:

- Explore the world through trourist. Hemos añadido un mapa navegable en el que los zeppelines te llevarán a aquellos puntos del mundo en los que hay alguna experiencia trourist. En esa misma página, hemos configurado varias tendencias para que muestren lo que más en boga esté dentro de la comunidad (ciudades con más trouristas, ciudades más visitadas, etc.).



- Share city experiences. Ya no hace falta crearse un viaje para subir una experiencia. Así, será mucho más fácil que descubráis a vuestros amigos las experiencias que hacen tan especiales las ciudades que mejor conocéis.

- Facebook connect and gmail friend finder. Con estas dos aplicaciones será mucho más fácil que podáis compartir trourist con vuestros amigos, y hacerlo así, más divertido. Además, las experiencias que creéis en trourist, después de vincular las cuentas, serán importadas a vuestro newsfeed de facebook para que más amigos vean que otra forma de viajar es posible.



Aunque lo mejor es que comprobéis estas mejoras vosotros mismos.

Por último, sólo me queda animaros a que compartáis con vuestros amigos y más trouristas las experiencias más auténticas y enriquecedoras que hayáis vivido este verano.

16 de septiembre de 2009

ExperienceLess, vivir los destinos

Ocho ciudades. Treinta y tres días. 12.500 kilómetros. Una autocaravana convertida en zeppelin. Y un objetivo: vivir esas experiencias escondidas para quien viaja como un turista, conocer las ciudades a través de la ayuda, la participación, de su gente. En pocas palabras, eso ha sido ExperienceLess, un viaje muy enriquecedor desde el punto de vista personal y profesional.

ExperieceLess es una iniciativa que ha surgido desde trourist, con la doble intención de disfrutar de una experiencia única entre amigos y de subrayar nuestro ideal de viaje: vivir los destinos en vez de visitarlos. Durante el viaje hemos pasado por Paris, Amsterdam, Berlín, Praga, Budapest, Estambul y Barcelona; ciudades en las que para cumplir nuestro objetivo de vivir experiencias hemos hecho algo nada convencional.

Sentados en plazas, parques, incluso en el metro, hemos exhibido un cartón con el siguiente mensaje:“¡Ayúdame! Soy un ExperienceLess. No quiero visitar tu ciudad, quiero vivirla. Gracias.” Como podéis imaginar, la puesta en escena tiene mucho que ver con la de un homeless, y es que la elección del nombre que hemos dado al viaje no ha sido aleatoria.

Había gente, que cuando nos veía, no entendía nada. Otros que nos miraban con indiferencia. Pero en general, estamos encantados con la amabilidad de la gente, toda esa gente que ha compartido con nosotros parte de su día para que nos llevemos de su ciudad una idea mucho más amplia que lo que sus edificios y museos nos puedan decir.

En la mochila, nos llevamos vivencias muy diferentes. Cenar un plato típico holandés en casa de un estudiante amsterdamés, practicar hoola-hop en un parque berlinés, celebrar la fiesta de cumpleaños de un chico de Budapest, fumar de una pipa de agua en el tejado de un edificio en Estambul o cocinar una tortilla de patata en casa de una pareja de Barcelona para posteriormente ir a un concierto, son sólo algunos ejemplos de lo que un ExperienceLess puede conseguir.

En el canal de trourist en vimeo podéis ver todos los vídeos de la iniciativa. En este post comparto con vosotros el vídeo que hace de resumen del viaje y que vamos a utilizar como lanzamiento. Sinceramente, espero que además de divertiros, esta iniciativa os lleva a una reflexión de qué queremos buscar/encontrar en nuestros próximos viajes.



Por cierto, esta acción nos ha servido para salir en los informativos de tele5.


3 de septiembre de 2009

El tonto que no quería ganar dinero

Seguro que pensáis que el objetivo de cualquier empresario es ganar dinero. Pues no, estáis muy confundidos. Permitidme que os hable sobre la cantidad de gilipollas que se empeñan en rellenar la hucha sólo con el hedor de sus palabras y actos. Hablo de gente a la que estás dispuesta a comprar algo de lo que vende, pero que no hay manera, que prefieren estropearlo todo.

Los hay que lo hacen por avaricia. Otros por odio total al prójimo. Otros por escasez de neuronas. Otros por malformaciones psíquicas. En sí, los motivos pueden ser incalculables, aunque el pequeño ejemplo que os voy a presentar a continuación, y que se trata sólo del último de varios episodios similares que he vivido recientemente, está impregnado de avaricia. Y aunque sea consciente de que la avaricia nubla el pensamiento, al sujeto protagonista del siguiente suceso también le añadiría toneladas de ceguera empresarial.




Lo voy a contar con pelos y señales, porque de la misma manera que los buenos merecen comer centollas en el paraíso, los infieles han de ser quemados en la hoguera. Os sitúo. Jueves a la noche en San Sebastián. Reunión de antiguos compañeros de clase y amigos. Las cervezas y la buena conversación nos invitan a prolongar la reunión y quedarnos a cenar en la calle. Surgen varias alternativas. Al final, a propuesta de algún desalmado con buena intención, vence la opción de ir a una cervecería de la Parte Vieja, al Paulaner.

Llegamos a la terraza de la cervecería en cuestión, terraza que, por cierto, estaba vacía. Una camarera con cara de amargada nos recibe con la más inexistente de las sonrisas. Mesa para ocho, por favor. Demasiada responsabilidad para ella. No se atreve a decirnos dónde nos podemos sentar, a pesar de que resulta obvio que para sentarnos necesitamos por lo menos juntar tres mesas (matizar que se trata de mesas muy pequeñas). Segundos después de consultar con el responsable del establecimiento, el avaricioso, nos dice que sólo podemos juntar dos mesas. Aunque en ese mismo momento tendríamos que haber ahuecado el ala (a la terraza anexa para fastidiar y dar una sabia lección), intentamos sentarnos todos en dos mesas. Imposible. No cabemos ni haciendo malabarismos y, por supuesto, se lo decimos a la camarera.

Mientras ésta nos da vagas explicaciones diciendo que son órdenes del jefe y hacemos el amago de levantarnos e irnos, el susodicho hace acto de presencia. Con toda la naturalidad del mundo, y la terraza vacía a las diez de la noche, empieza con su argumentación. A ver chavales, que esto no es el Arzak, que hay que apretarse mucho más (supongo que se refería a que nos sentásemos unos encima de los otros). Y seguía. Os pongo tres mesas pero éste es un bar de batalla, de menús de 10-15 euros y que hace dinero con la rotación. Si os pongo en tres mesas, luego viene gente que no va a poder sentarse (nos ha jodido, si llenas el bar pues lo llenas, es lo que hay). Es que estáis muy malacostumbrados.

Lo que consiguió este aprendiz de hostelero, es que independientemente de que el codillo que comí no me disgustase, no volvamos nunca más a cenar allí. Incluso ha conseguido que me moleste en dedicarle unas lindas líneas. Todo, por preferir el bienestar de los clientes potenciales (cabe añadir que la terraza no sobrepasó el 40% de ocupación en ningún momento) en detrimento de los clientes ya conseguidos. Por esto decía yo que hay gilipollas, tontos, que no quieren ganar dinero. Que cada uno siembre su futuro...

23 de agosto de 2009

SER EMPRENDEDOR (de día y de noche)

Ser emprendedor “me pone cachondo”. Sin duda, es una de las experiencias más excitantes y enriquecedoras que he vivido en los veinticuatro años que llevo dando guerra por Eibar y alrededores.

La razón principal por la que ser emprendedor “me pone cachondo” es que dedicas tu tiempo a un proyecto que te enamora, con el que disfrutas estrujándote los sesos. Porque ser emprendedor es un continuo reto, no sólo por la cantidad de decisiones que tienes que tomar todos los días, sino también porque la escasez de recursos te enseña a buscarte la vida y a agudizar el ingenio. Y según pasan los meses, es muy reconfortante ver cómo el proyecto avanza y va superando pequeños hitos; sensación que se puede equiparar a la satisfacción de un padre que ve crecer a sus hijos. Además, ser emprendedor te permite ser un poco más excéntrico, y si te va bien, puedes poner una mesa de ping-pong en la oficina y dar conferencias en zapatillas deportivas. Aunque para esto último, mucho queda por cabalgar.



Obviamente, ser emprendedor tiene también su otra cara de la moneda. Como podéis imaginar, es complicado lidiar con la sensación de incertidumbre y soledad con la que te puedes encontrar siendo emprendedor, pues la posibilidad de fracasar existe y en este país gusta demasiado guillotinar a quien no le van bien las cosas. Ser emprendedor significa también sacrificar, momentáneamente, muchas cosas: vacaciones, coches, algún capricho... Sospecho que, de igual modo, es muchas veces perjudicial para la salud mental, pues te puedes pasar horas y horas sin desconectar del trabajo, dándole vueltas a todo y en todos los sitios. Pero lo peor de ser emprendedor, a años luz de la segunda razón, es explicarlo a la noche, cuando estás de juerga.

Imagínate cualquier bar de Euskadi a las cuatro de la madrugada. Por la razón que sea, ya sea porque te encuentras con un conocido que hace tiempo no ves, como porque una chica empieza a hablar contigo, surge LA PREGUNTA. ¿Qué haces? ¿Ya has terminado de estudiar? ¿Dónde trabajas? Uffff. Cinco segundos de silencio. En un primer intento, dices que eres emprendedor, y el que está al otro lado de tu gintonic, pone una cara rarísima, una mezcla entre incomprensión y estupor. Vale, decir que eres emprendedor “a secas” es bastante vago, y es entonces cuando dices que “estoy desarrollando una red social de viajes en internet para aquellas personas que quieren vivir los destinos y no visitarlos”. Ufff otra vez. La cosa parece que no funciona y lo que antes era estupor e incertidumbre ahora es sospecha de “o este tío está muy borracho o lo estoy yo”. En este momento, la persona con la que estás hablando dice eso de “ah, que bien”, con la única intención de cambiar de tema cuanto antes, sabiendo tú que no se ha enterado de nada, y peor aún, que posiblemente piense que eres un tío bastante raro.

Esto de explicar a las noches qué hago me ha tocado muchas veces, y aunque por el camino me he encontrado con gente a la que le ha encantado la idea de trourist, hay noches en las que he acabado diciendo que trabajo en consultoría, a veces en Deloitte y otras veces en PwC. Y sobretodo lo hago porque odio tener que decir que trourist es un tuenti de viajes.

Creedme, tanto si estáis un poco bebidos como si estáis más sobrios que un niño de tres años, explicar lo que hace un emprendedor a la noche es misión muy complicada. Mejor no lo intentéis.

FIESTAS Y SUS GENTES (II)

Un lector de este blog, que prefiere mantenerse en el anonimato conocido, me ha mandado vía mail una segunda versión del post "Fiestas y sus gentes". En un primer momento, lo había incluido como un comentario, pero pensándolo bien, tan divertida contribución se merece un post. Veámos cuáles son sus personajes más odiosos en fiestas:



La plañidera de turno (suelen ser más habituales las mujeres que los hombres) que comienza a dar la chapa contando sus penas (ex/novios/ligues/calabazas; hitos en su corta existencia...) siempre promovidas por la tasa extra de etílico que corre por sus venas.

El PaquitoChocolatero, el típico que no baila ni pa´trás y con el que en otras épocas del año/años justo has cruzado dos palabras con él pero que cuando suena "Paquito" te engancha del pescuezo con un brazo mientras en su otra mano balancea un botellín/cachi/cubata para que le acompañes en tan bochornoso e incomprensible "baile". Acción que se puede esquivar muy dignamente haciendo un doble axel.

Los de la mosca blanca, aquellos que no pagan una copa ni tan siquiera cuando se pone bote, aunque sean los primeros en pedir una a cuenta de otro. (la mosca blanca hace alusión al siguiente hecho: una mosca común se metió en su cartera y cuando por descuido un día se le cayó al suelo y esta se abrió la mosca era ya blanca).

El broncas, "me has empujado", "tú qué miras", etc. No creo que hagan falta más explicaciones.

Los de la poltrona, aquellos que cogen un buen puesto, bien pertrechados de bebida y comida y se pasan la noche viendo la fiesta y criticando a tutiplén. Vamos, que si la hubiesen retransmitido por TV no hubiesen salido de casa.

Los que bailan (no confundir con los Tony Manero), estos que se dieron cuenta que en toda verbena el número de mujeres aumenta geométricamente en relación a la distancia en que se encuentre la barra del bar y por ello optaron por aprender a bailar para estar con ellas.

Los gruñones. O los emborrachas, o los juntas con las plañideras o mejor no te juntas a ellos porque se pasan toda la noche poniendo pegas a todo. Que si tardan mucho en poner las copas, que si las tías de aquí son feas, que vaya mierda de música, que seguro hay control de alcoholemia, que si lo sé me quedo en casa...

Los subalternos. Su función es asesorar, ayudar y esperar a que el amigo/amiga moje esa noche. Albergan la esperanza que algún día cambien las tornas.

Acabo con la misma pregunta que el post original, ¿qué tipo de personas/personajes os tocan un poco (o mucho) la moral en fiestas?