26 de mayo de 2010

Un adiós y mil gracias.

Dicen que renunciar a cosas es un acto de mucho más poder que defenderlas o apoderarse de ellas. Y así es. Decir adiós a este blog, un rincón en el que tanto tiempo he invertido, me da mucha pena. Pero después de más de 3 años y 200 artículos, cada vez se me hace más complicado superar lo anteriormente escrito. Y a mi no me gusta defraudar.

Aunque tampoco es una total despedida. A partir de ahora escribiré en otro blog, en el que con un diseño un poco más presentable, compartiré experiencias y conocimientos que tengan que ver con las cuatro áreas que mejor domino en el mundo profesional: emprendizaje, Internet, viajes y marketing. Por supuesto, y al tratarse de mi blog personal, no faltará el humor del que tanto he intentado impregnar este rincón. Y seguro, que de vez en cuando, se cuela un artículo de los de "el que ríe último...". Sin embargo, no todo será humor e historias nocturnas. Espero que lo comprendáis.

Me gustaría agradecer vuestro tiempo y paciencia a todos los que me habéis seguido. Especialmente, a los que más habéis participado con vuestros comentarios, mejorando muchas veces lo escrito por un servidor. Con riesgo de dejarme mucha gente sin mencionar, mil gracias a Guanzotx, Alicia, Kololo, Mikel, Ania, Yaku, Mavi, Isabel, Rubén, Serran, Pesca, Pía, Toro, y tantos otros. Mil gracias de todo corazón.

También me gustaría pedir perdón si alguien se ha sentido ofendido alguna vez por algo de lo aquí escrito. Nunca ha sido mi intención faltar, pero cuando tocas ciertos temas, es difícil que llueva a gusto de todos. Tampoco me gusta ser políticamente correcto.

Por último, y a modo de despedida, me gustaría rescatar algunos de los artículos que más disfruté escribiendo o que más juego han dado:

El childring y mi pelea con mis primos

Una fiesta americana en pijama

Agradecimiento a los acompañantes del mejor viaje de mi vida, después de haber sido secuestrado y tener incluso un grupo en facebook exigiendo mi liberación

Un breve intento de ser guionista de cine

Una cena inolvidable en Berlin

Mis "discrepancias" con las chicas de pueblo

Gracias otra vez.

PD 1: Os invito a que me sigáis en mi nuevo blog: www.imanolabad.com o a que, por lo menos, os deis un paseo cada cierto tiempo.

PD 2: Si eres editor de libros o responsable de un periódico y me haces una oferta suculenta, tal vez me replantee la decisión dejar de escribir sobre temas relacionados con la noche y el ligue.

11 de abril de 2010

Cuatro sistemas de rating para evitar disgustos en la cuadrilla

Lo que un cocinero de Arzak entienda por salado o lo que una empleada de Zara entienda por buena atención al cliente tiene que estar perfectamente definido y tiene que ser compartido por todos y cada uno de los profesionales que trabajan en la empresa. Los líderes más astutos saben muy bien que dedicar tiempo y esfuerzo a establecer un lenguaje común en sus organizaciones sale rentable y que es un factor clave de éxito en entornos competitivos.

Esto se puede trasladar al entorno más competitivo de todos: la noche. Las cuadrillas pueden mejorar su comunicación, y por consiguiente sus resultados, con sólo aplicar algunos de los sistemas de rating que propongo en este post. De esta forma, evitaremos muchos malentendidos o situaciones no deseadas como cuando un amigo te dice eso de: “eres un cabrón, me dijiste que no era tan cocodrilo”.

Mi experiencia me ha llevado a conocer cuatro sistemas de rating, aunque estaré encantado de que me descubráis muchos más.

Sistema clásico. Consiste en una puntuación de 0 a 10. Por su fácil utilización, desde pequeños hemos estado acostumbrados a que nos puntúen de esta forma, es tal vez el sistema más utilizado en las pistas de baile y otros terrenos para el flirteo. Para los casos en los que la puntuación roce el 5 pero no esté el tema muy claro, se puede acuñar la expresión “un 5 en septiembre”.

Sistema ponderado. Se puntúan del 1 al 9 tres atributos diferentes; el primero es la cara, el segundo el cuerpo y el tercero la actitud. El término actitud, muy importante, engloba la percepción preliminar que se tenga sobre la posible simpatía y lujuria de la persona en cuestión. Hay quienes se quejan de que es difícil medir “la actitud” de una persona con una mirada de unos segundos, pero es algo que se logra a través de la intuición, que como dice Punset, es más fiable que el razonamiento. La cuestión aquí es la siguiente: ¿qué pasa con una chica 448? Ahí ya no me meto. Como dicen los ingleses: “it’s up to you”.

Sistema binario. Sólo dos opciones posibles: el 0, que significa algo así como “contigo no bicho”, y el 1, que podría traducirse como “a por ella, que parece caliente y bella”. Preferido por ingenieros de todas las especialidades, no es un sistema que me guste. Es demasiado simple. De igual manera, es muy aburrido por no admitir matiz alguno; y como decía aquel, la vida es cuestión de matices.

Sistema gintoniano. Consiste en una puntuación con un amplio recorrido entre el 1 y el coma etílico. Se configura contestando a la pregunta de a partir de cuantos gintonics ingeridos es atractiva una persona. Existe también una variante complementaria a este sistema contextual, el sistema horario, que es básicamente igual pero diciendo la hora de la noche a partir de la cual la persona puede parecer atractiva. Así, una chica que según este sistema sea “de 9 gintonics” o “de 6 de la mañana” será, por lo menos, un pez monkfish, una de las especies animales más feas del planeta.

La clave está en elegir bien qué sistemas de rating vamos a utilizar en la cuadrilla, asegurar que todos hablamos un lenguaje común, y por último, definir el estándar mínimo aceptable. Por ejemplo, con qué puntuación te conformas en el sistema tradicional. Como en la Universidad, habrá quien pelee por matrículas de honor y quien sea increiblemente feliz con un aprobado en septiembre. Todos somos diferentes en cuanto a motivación y capacidad de trabajo.

23 de febrero de 2010

Descubriendo una conspiración masónica

Un frío y lluvioso miércoles del mes de noviembre de 1982, se celebró una cena secreta en un conocido restaurante de Igeldo. De anfitrión ejercía un extraño grupo de origen masón, llamado “Los Garantes”, y que incluía a científicos, políticos y varios empresarios de renombre. Por parte de los invitados asistía el rector y vicerrector de la ESTE, el gerente de Bataplán, y varios directivos de Inditex. Se rumorea, incluso, que Amancio Ortega estuvo allí.

Entre carrilleras de ibérico glaseadas, bogavantes asados en globo de especies, y otras delicias culinarias, se selló un acuerdo que todavía hoy sigue vigente. A cambio de una suma de dinero cercana a los cien millones de las antiguas pesetas e influencias en las más altas esferas, tanto la ESTE, como Bataplán e Inditex, accedieron a ser cómplices de “Los Garantes”. Aunque desconociendo las oscuras razones detrás de esta conspiración (experimento sociológico, manipulación política constitucionalista, intereses en la industria de los cosméticos), cada uno de los nuevos aliados habría de desempeñar un papel para que las jóvenes donostiarras no perdieran nunca su condición de afrancesadas.

El funcionamiento de la alianza era, y es, sencillo a la vez que perverso. Antiguos miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado, ahora trabajando para “Los Garantes”, se encargan de reclutar todos los años, un grupo de chicas lo suficientemente amplio como para poder llevar a buen puerto sus maquiavélicos planes. A las chicas se les incentiva con notas altas en la Este, pases VIP en Bataplán y descuentos especiales en las tiendas del grupo Inditex, y por si esto no fuera suficiente, se les muestran fotos comprometidas de sus viajes a Benidorm, Salou o Conil, bajo amenaza de ser distribuidas en la revista 943. A cambio, las chicas “elegidas” tienen que seguir las directrices que se les marquen a la hora de comportarse y de vestir.

La clave del asunto está en crear colectividades que influyan en la individualidad del resto de chicas, y así, construir una sociedad de clones bajo el mando de “Los Garantes”. Dicha técnica tiene su origen en los experimentos de Asch, una serie de experimentos realizados en 1951 que demostraron significativamente el poder de la conformidad en los grupos (ver el vídeo siguiente para más información). Todo ello, complementado de acciones específicas tanto de la ESTE como de Bataplán, para reforzar estos comportamientos.

Como resultado se ha conseguido que, poco a poco, la mayoría de chicas de San Sebastián hayan construido un carácter un tanto chulesco, engreído y soso. También se ha conseguido que todas las chicas vistan igual o muy parecido: jersey básico, normalmente de Zara, vaqueros o pantalón negro, y bailarinas negras si es en plano o botín negro/gris/marrón cuando es con tacón.

Por tanto, no deberíais criticar nunca a las chicas de Donosti, especialmente a las de la ESTE, por ser pijas, sosas, etc. Recordad que la mayoría de ellas son víctimas de una conspiración masónica. Comprensión, mucha comprensión es lo que hace falta.

*El vídeo siguiente muestra también un ejemplo de cómo la colectividad puede influir sobre el individuo:

17 de febrero de 2010

La paradoja del viajero donjuán

Los hostales son un excelente recurso para viajar a precios económicos y conocer viajeros de otras culturas y países, pero son un pésimo lugar para el amor de una noche. Sin duda, un enamoramiento de esos tan fugaces que surgen entre cervezas y tequilas son muy complicados de gestionar para quien duerme en un sitio en el que lo común es compartir habitación con seis, diez o trece personas más. Por hilar más fino aún, lo correcto sería decir que lo complicado no es tanto gestionar, sino consumar. Nos entendemos.

En un “inspirador” artículo que leí hace un tiempo en Brave New Traveler, se mostraban diferentes ideas para que tanto los recién atravesados por la flecha del amor como las parejas ya consagradas pero ávidas también de un buen revolcón, pudiesen calmar sus deseos sexuales dentro de un hostal. Como alternativas a un cómodo e íntimo lecho, se sugería la lavandería, el almacén de los productos de limpieza, la cocina, el tejado o los servicios. Cualquiera de las opciones anteriores puede valer para un momento de locura, siempre que no te importe ensuciarte la pantorrilla con restos de ketchup o restregarte entre detergente industrial para toallas.

Obviamente, todo es mucho más fácil cuando viajas de hotel. Aunque te acompañe algún amigo, siempre puedes apelar a la solidaridad y pedirle que se dé un largo paseo para garantizarte un rato de intensa intimidad. Sin embargo, también es cierto que viajando de hotel es más complicado conocer gente y acabar con la posibilidad de tener sexo. Es la paradoja del viajero donjuán.



Dicho esto, conviene aclarar que lo arriba expuesto no es la razón por la que decidimos hacer el ExperienceLess montados en una autocaravana.

* Este post fue originariamente publicado en el blog de viajes de Trourist.

13 de febrero de 2010

EN DEFENSA DE "LA ESTEBAN"

La televisión es algo cada vez más educativo. Lo nauseabundo de su programación es un inmejorable incentivo para que dediquemos nuestro tiempo, nuestro bien más preciado, a otros menesteres más interesantes y enriquecedores. Ya lo decía el gran Groucho Marx varias décadas atrás: “la televisión ha hecho maravillas por mi cultura; en cuanto alguien la enciende, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”.

Algún día, me gustaría ver una televisión diferente, más didáctica y divertida, menos chabacana y manipuladora. Mientras tanto, la televisión será poco más que un elemento de decoración en mi salón. Sin embargo, hecha esta crítica, creo que razonable, me gustaría salir en defensa de esos “personajes de pandereta” que frecuentan los platós de los programas más infames. Hablo de gente como Belén Esteban, “La Esteban”.

A los miles de telespectadores que se burlan de Belén Esteban y la sitúan como icono de la estupidez, de la España más vulgar, pero que ven los programas en los que ella aparece, sólo les puedo decir que ellos son los estúpidos y los vulgares. Sinceramente, Belén Esteban tiene todos mis respetos, pues siendo una maestra de la ordinariez y del disparate, sabe ponerlo en valor (se gana la vida con ello).




Conseguir un nivel de sofisticación muy alto en cualquier campo, aprender hasta rozar la maestría, cuesta 10.000 horas. La regla vale para cualquier habilidad, tanto para analistas bursátiles, como para guitarristas (son varios los estudios que así lo demuestran). Y como decía, Belén Esteban es una maestra en su campo. A base de perseverar durante años en ser simple e ignorante, ha conseguido ser una de las mejores en ello. Eso, estimado lector que pasa el rato viendo programas pueriles, debería hacerte reflexionar: ¿cuántas horas me quedan para convertirme en maestro de la vulgaridad y la estupidez?, ¿de verdad quiero dedicar mi tiempo a ser cada día, más parte de esa España despreocupada que tratan de construir los medios?, ¿quién es el idiota?, ¿Belén Esteban metiéndose billetes a la buchaca o yo que pasando un rato estéril enfrente del televisor dejo de hacer otras cosas más valiosas?

Todo el mundo sería feliz si descubriera su verdadera riqueza. Esto lo dijo Baltasar Gracián en el siglo XVII, pero lo que no dijo es que hay riquezas que valen más que otras. El tiempo es oro, empleémoslo con inteligencia.

23 de enero de 2010

EL ESTILO SÍ IMPORTA

A lo largo de la historia del alpinismo ha habido dos formas muy diferentes de entender una expedición, el estilo tradicional y el estilo alpino. Dos formas de afrontar el ataque a una cumbre, que como explicaré a continuación, se pueden extrapolar a otros ámbitos más importantes de la vida y que nos incumben a casi todos.

El estilo tradicional es un tipo de expedición que se caracteriza por responder a una estructura piramidal, en la que bajo la dirección de un jefe autoritario, trabajan cientos de porteadores de baja cota, alpinistas y porteadores de altura, hasta que finalmente uno, dos o tres hombres alcanzan la cumbre. Esta estructura no sólo requiere una gran cantidad de material (con frecuencia diez o veinte toneladas) sino también una vasta organización. Una expedición de este tipo dura mucho tiempo y es peligrosa por los aludes. Además, no asegura el éxito: los periodos de buen tiempo no pueden ser aprovechados al instante debido a la pesadez de todo este aparato.

El estilo alpino, fruto de la filosofía de la renuncia, es una innovación que Reinhold Messner, el más laureado de los alpinistas, introdujo con éxito en la década de los setenta. Este estilo se caracteriza por acometer una subida sin indicaciones preliminares, sin ayuda externa, sin trabajo preparatorio. El estilo alpino es más rápido, más meritorio y menos peligroso. Al descomponer una expedición en las más pequeñas unidades posibles y lograr que cada una de estas unidades asuma la tarea asignada, se garantiza la mayor flexibilidad posible así como un máximo poder de penetración.



Lo arriba presentado, es una invitación a reflexionar sobre qué estrategia seguimos cuando salimos de bares deseosos de disparar con éxito la flecha del amor. Sin que haga falta mucha imaginación, el estilo tradicional se puede comparar con la típica cuadrilla multitudinaria de entre diez y veinte gañanes que entra a los bares cual legión romana en combate, y el estilo alpino, en cambio, con aquellos que optan por salir de fiesta con dos o tres amigos más y sin ánimo de espantar al respetable. Contra todo signo de inteligencia, en Euskadi abunda el estilo tradicional (algo que resulta paradójico cuando los alpinistas vascos son unos de los mejores exponentes del estilo alpino en las más altas cumbres del Himalaya).

Si bien podría compartir cientos de pequeños ejemplos de por qué aquellos que optan por el estilo tradicional en los bares son unos pésimos estrategas, voy a concentrarme en las dos desventajas a las que mayor importancia concedo. Por un lado, la lentitud en la toma de decisiones y la consiguiente pérdida de oportunidades. Por ejemplo, cuando parte del grupo/cuadrilla no puede cambiar de bar junto con unas chicas porque fulanito se acaba de pedir un trago. Por otro lado, la poca flexibilidad y poder de penetración dentro del propio bar. Cuando catorce maromos, cubata en mano, cruzan los ochenta metros de un bar para acabar rodeando a un grupo de cuatro chicas, casualmente las más guapas, se enteran de la invasión hasta en el cuartel general de la T.I.A . No es el método en absoluto, y menos aún, cuando los catorce maromos, para destacar del resto, empiezan a hacer el ridículo con saltos, bramidos o tirones de pelo.

Como broche final a este post, mi recomendación es que dividáis para siempre vuestras cuadrillas en grupos de tres o cuatro personas. Siempre podréis juntaros en la sociedad para cenar y jugar a cartas, pero nunca para salir de fiesta. Ese no es escenario para ninguna expedición tradicional. Obviamente, este consejo no es la panacea a todas vuestras dificultades nocturnas, pero aquellos que no me hagan caso tendrán más posibilidades de acabar con las sobras de las cinco de la mañana y aspirar, como mucho, a iguanas, cocodrilos, y reptiles de todo tipo. Hoy es sábado. Buenas noches y buena suerte.


17 de enero de 2010

Mi aporte a la Iglesia

Solteros aburridos -algunos con caprichos de signo pederasta- que intentan definir cómo debe de ser la vida en pareja y cómo educar a los hijos que nunca tuvieron y nunca tendrán. Falsos predicadores de la tolerancia y el perdón que niegan derechos básicos a aquellos que son diferentes a ellos. Líderes irresponsables capaces de defender desde su púlpito teorías descabelladas capaces de llevar a la muerte a miles de personas; como no apoyar el uso del preservativo como solución ante el problema del SIDA. Chantajistas peligrosos capaces de organizar manifestaciones al mejor postor para defender quién sabe qué intereses. Portavoces mezquinos más preocupados por crisis espirituales en occidente que por la muerte de miles de personas en una catástrofe natural sin precedentes.

Ni comprensión ni compasión. Es absolutamente inaceptable convivir, en pleno siglo XXI, con tanto extremismo, intolerancia y chantaje. Que la Iglesia haya intentado manipular y controlar a las masas durante siglos, construyendo un Estado paralelo capaz de lo peor con tal de mantener sus cuotas de poder, no significa que debamos aceptar ni una sola injerencia más de esta vieja y casposa institución en lo concerniente a la vida pública.

Todo lo relativo a la religión, en mi opinión, ha de pertenecer a lo privado de cada persona. Soy respetuoso con los que se declaran católicos, pero hay que partir de la premisa de que toda religión parte de una irracionalidad infinita, que se refugia en el miedo y en la ignorancia de las personas. Por tanto, el Estado no puede dar un trato mucho más benévolo a una institución fundada sobre una mentira y regida por unos intereses que van mucho más allá de la ayuda al prójimo, que a cualquier otra institución con objetivos más transparentes como podría ser Intermon Oxfam.



El motivo por el que escribo este post es porque estoy harto de que cada vez que hay un debate que afecta a la Iglesia se diga eso de “esto no es lo que preocupa a los españoles” o eso de “quien niegue la importancia de la Iglesia en la historia de España es que es un ignorante, los símbolos religiosos forman parte de nuestra cultura”. Aunque existan en España problemas mucho más graves que, por ejemplo, la presencia de crucifijos en las escuelas públicas, y que durante décadas se haya visto como algo normal ver la figura de un Jesucristín encima del encerado, no por ello hay que aceptarlo. En resumen, quien quiera practicar la fe católica que lo haga, pero que cuando salga de su casa o de la Iglesia no intente imponer a los demás su visión de lo correcto y lo incorrecto. Y el Estado ha de garantizar que efectivamente esto sea así.

3 de enero de 2010

CUESTIÓN DE CONFIANZA

Ir a comprar ropa me ha parecido siempre una auténtica putada*. Estar de pie durante horas, soportar temperaturas casi extremas y lidiar con una muchedumbre de maleducados e hiperactivos consumistas son motivos suficientes para hablar de gran odisea. Pero la gota que colma el vaso, al menos en mi caso, es la actitud tan poco empática y profesional de las dependientas. Especialmente en Donosti.

Hay dos tipos de dependientas que me sacan de quicio. Por un lado, aquellas que son más sosas que un yogurt de agua, aquellas a las que les falta un buen curso de ventas: ¿qué tal me queda? Bien ¿Me pruebo otra talla? Vale, ahora busco la XL. ¿Me queda demasiado oscuro con el pantalón? No sé, eso depende de tu gusto. Que pereza de chicas... Por otro lado, están las dependientas prepotentes, que te miran con una cara tan desagradable, que no sabes si preguntarles por favor si puedes ser cliente o decirles que se vayan a tomar por culo. Desgraciadamente, y a pesar de que la actual situación económica no sea tan propicia para la venta y puedan tener motivos para el cambio, las dos especies de dependientas presentadas abundan e incluso diría que cada vez son más en número.



En este escenario tan difícil y desolador, tras años de malas experiencias y euros malgastados, había encontrado mi propio oasis en el desierto donostiarra. Una tienda en la que las dependientas te sonreían, te decían lo que te quedaba bien y lo que no, te ofrecían prendas en base a compras anteriores; en definitiva, una tienda en la que daba gusto comprar.

Todo iba viento en popa, nuestras relaciones transaccionales eran cada vez más fluidas y placenteras, hasta que el destino tuvo un cruel antojo. Un viernes cualquiera, en un bar cualquiera, me encuentro con la dependienta a la que había depositado toda mi confianza acompañada de su novio: un tío turbio, con muy mala pinta. Años de intenso romance consumista echados a la basura: ¿cómo me voy a fiar de las recomendaciones de alguien que tiene como novio a un sucedáneo del Jonan de Baraka? Cuando me decía que las camisetas me quedaban estupendamente yo le daba todo mi crédito, pero a partir de ahora, nada puede ser lo mismo. La confianza es algo que se tarda años en construir, pero que se puede dinamitar en cuestión de segundos. Vuelta a la odisea. Vuelta a empezar.

*Putada es un término reconocido por la RAE.

17 de diciembre de 2009

Elizondo y Cabárceno no están tan lejos

Que me perdonen las mujeres de Elizondo por utilizarlas como ejemplo para este post, pero la reflexión que os presento a continuación me surgió durante un viaje que realicé hace unas semanas a la capital del Baztan. Podría haber sido en Aguilar de Campoo, en Casalarreina o en Bujaraloz, pero no, el destino quiso que el afán por saber me llamase en uno de los enclaves más atractivos para los amantes de la montaña y de la gastronomía que podemos encontrar en toda la Península.

Al grano. Mi opinión, que se basa en mis experiencias observacionales pasadas, es que las mujeres de los pueblos son mucho más feas que las mujeres nacidas en las ciudades. Soy rotundo en la afirmación, aún habiendo aplicado un lógico factor corrector a las mujeres de las ciudades por su más apropiada vestimenta y gusto en general, que a veces, despistan. De lo que ya no estoy tan seguro es de las causas de esta desigualdad. ¿Por qué salir de fiesta en Elizondo se parece más a dar una vuelta por Cabárceno que a otra cosa?




La primera teoría que se puede presentar es la del azar. Supondría dar por buenos los teoremas más retorcidos de la Ley de Murphy y admitir que soy una persona con suficiente mala suerte como para haberme encontrado con un enjambre de feas en todos los pueblos a los que he viajado. Sin hacer un profundo análisis, intuyo que esta teoría tiene bastante poca base estadística. No nos vale.

La segunda hipótesis que barajo es que en los pueblos existe una excesiva endogamia. Primos lejanos que se enamoran, que se casan, que procrean y van nutriendo el pueblo de criaturas cada vez más horrendas por motivos genéticos. Esta teoría tiene mucha más consistencia que la anterior, está íntimamente ligada al fenómeno de los círculos cerrados que ya he explicado alguna vez, pero aún y así, no me termina de convencer. Tengo que seguir buscando.

Rechazado lo anterior, sólo me queda elucubrar algo insensato. Y lo primero que me viene a la cabeza es que algunos animales transmiten una especie de enfermedad, pongamos que toma la denominación de F3A, que modifica (a peor) los rasgos genéticos que influyen en que una persona sea más o menos guapa. Es fácil de entender: de la misma manera que algunos hombres de ciudad se dejan contagiar la estupidez a través de sus perros, en los pueblos son las vacas, las ovejas y las gallinas las que hacen lo suyo con las mujeres.

Dicho esto, habría que valorar la posibilidad de sustituir los términos cocodrilo, iguana, boa, etc. por los de vaca, oveja y gallina a la hora de referirnos con un genérico a las mujeres feas que nos encontramos cada noche. Son palabras con menos glamour y pasan menos desapercibidos, pero se ajustan más a una posible realidad que acabo de descubrir. Que la ciencia no me dé la razón...y que las mujeres de Elizondo, y otros pueblos, no atenten contra mi.

25 de noviembre de 2009

Nueva forma de terrorismo: el TAGGING

Aunque no sea todavía perseguido por "estrellas" de la judicatura española como Garzón o Grande-Marlaska, el tagging es una nueva forma de terrorismo. Tal vez, de mayor crueldad que el terrorismo que practican ETA, Al Qaeda o las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa.

La traducción más exacta de tagging es etiquetado. Es una palabra relativamente nueva y la razón por la que la hemos incorporado a nuestro lenguaje es que la mayoría de redes sociales en Internet (Facebook y resto de puteríos) la utilizan para referirse a la acción de decir quién aparece en una foto. Por ejemplo, si subo a Facebook una foto de mi equipo de fútbol y taggeo a fulanito, menganito y resto de tuercebotas, la gente que la vea sabrá quienes son los que aparecen conmigo.

Explicado así, el tagging se puede entender como algo inofensivo. Pero todo cambia cuando el taggeado eres tú en una foto en la que apareces disfrazado de carnicera sexy y con la cara desencajada, otra en la que apareces equipado con treinta y seis latas de cerveza y síntomas exagerados de embriaguez u otra acompañado de una iguana* que te resopla al oído con cara de vicio y nocturnidad. Aquí ya no estamos hablando de práctica inofensiva, sino de cruel terrorismo. ¿O acaso se os ocurre una mejor calificación?



Aunque el delito propiamente dicho sea que suban una foto tuya a Internet y la etiqueten con tu nombre sin la menor preocupación por las pintas que tengas o el contexto en el que se haya producido, el origen del problema está en la inexplicable costumbre de ciertas personas de sacar centenares de fotos cada vez que salen de fiesta. Por más que lo pienso, no puedo entender qué tiene de divertido. Esta gente tiene que darse cuenta de que no es lo mismo inmortalizar un bonito momento, que buscar la muerte de sus camaradas en todo momento.

Tampoco consigo entender a los inconscientes que desempeñan el típico papel de arengadores. Siempre son los más feos y menos fotogénicos, pero aún y así dan el coñazo una y otra vez para hacer fotos de mil maneras diferentes. Lo triste es que el conjunto de las acciones de los enfermos de las cámaras y los imbéciles arengadores contribuyen a la práctica del tagging y acarrean indeseables consecuencias por todos conocidas: auto-vergüenza el día después, pérdida de reputación, problemas con la pareja, etc.

A veces deseo con fervor infinito que las cámaras digitales no hubiesen sido nunca inventadas. Que el coste marginal de una nueva foto sea igual a cero, ha hecho mucho daño a esta nuestra sociedad.

*Iguana: en la jerga nocturna, dícese de toda mujer con valoración muy negativa en el apartado de belleza. Sinónimo de cocodrilo.


17 de noviembre de 2009

Haciendo el ridículo Aznar no fue el primero

Lo del “estamos trabajando en ello” de Aznar fue de vergüenza ajena, el súmmum de la estupidez. Pero quien piense que fue el actual presidente de honor del PP el primer infectado del virus de lo que como experto he catalogado “bienquedismo grotesco y nauseabundo”, está muy confundido. Este virus se remonta a tiempos más lejanos e infecta las calles de Euskadi con especial virulencia.

Esta enfermedad, además de a políticos como Aznar, ataca a gente normal. Gente con la que trabajamos. Gente con la que coincidimos en el supermercado. Gente con la que, incluso, quedaríamos para tomar una cerveza. En todos los casos, se trata de gente que habla más o menos bien la lengua española pero que no tiene ni pajolera idea de euskera. Gente que tiene la espantosa costumbre de transformar su lenguaje y su entonación cuando se junta con alguien que sí habla euskera habitualmente o como primera lengua.



Desconozco si lo hacen por una mal entendida empatía o si es simple subnormalidad, pero me da rabia ver a la gente hacer el ridículo así. A algunos les da por asentir repetidamente con un “bai/bai” o un ultrapijosuperondo”, otros son capaces de prostituir voluntariamente su gramática con frases como “si saldrías esta noche te lo pasarías bien”, y hay también quien con un léxico normal en español intenta ponerle tono de euskera de caserío. El resultado es patético en todos los casos.

Mi opinión es que todos tenemos que ser conscientes de lo que sabemos y de lo que no sabemos. Y mostrarnos siempre tal y como somos. Si no sabes euskera y quieres hablarlo con cierta fluidez, no digo dominarlo, lo lógico es apuntarte a un Euskaltegi, escuchar Euskadi Irratia, echarte una novia de Hernani, comprar una entrada para el campeonato de bertsolaris, o en general, hacer algo que te ayude a conseguir dicho objetivo. Pero lo que me parece mal es no dedicar ni diez minutos al año a aprender euskera y estar luego repitiendo monosílabos como un loro retardado, o cambiando la entonación como los penosos reporteros de la tele que se hacen pasar por argentinos. En fin.

29 de octubre de 2009

Miedo, sociedades, círculos cerrados y frustración, mucha frustración.

Lo que os voy a contar en los próximos cinco minutos es muy importante. ¿Por qué no se folla en Euskadi?¿Cuáles son las claves que explican este nocivo disparate? Como no podría ser de otra manera, mi teoría es completamente sólida y la publico con el loable objetivo de provocar reflexión, a la vez que aportar mi granito de arena para intentar acabar con esta lacra que nos invade.

El origen del problema está en un concepto tan concreto y antiguo como el miedo, que afecta a la sociedad vasca a todos los niveles. Miedo a romper las normas establecidas, y así mismo, miedo al qué dirán. Pero antes de pasar a lo sexual, permitidme que os lleve a un terreno que bien podría ser considerado igual de placentero: la gastronomía. El viaje es hasta una cualquiera de las muchas sociedades gastronómicas que abundan por las calles de Euskadi, en las que la buena comida y un mejor ambiente hacen de éstas uno de los principales elementos de nuestra cultura. Sin embargo, ¿cuántos vascos osan aplicar conceptos de la nueva cocina cuando están en una sociedad?, ¿alguien ha visto alguna vez que en una sociedad se elaboren lazos de zanahoria con sorbete concentrado de mandarina y almendra? La respuesta es que no. Y la razón el miedo, el no romper con las normas no escritas, el qué dirán, el mismo diagnóstico presentado anteriormente para explicar “el gran problema vasco del no follar”.



Dejando ya el ejemplo anterior, que espero haya servido de reflexión preliminar, nos metemos de lleno en materia. Como decía, el miedo tiene dos vertientes. Por un lado, el miedo a alterar el sistema de relaciones que se han ido formando a lo largo de los años: “es que menganito estuvo saliendo con fulanita” o “es que zutano es de esa cuadrilla de pijos” son sólo dos casos en los que la mayoría de los vascos se muestran muy poco dados a la permeabilidad. Una buena expresión de este miedo es la formación circular que adopta cualquier cuadrilla en un bar, que rara vez se rompe. El círculo cerrado, es sin duda, un dique para entablar conversación y todo un error para aquellos que quieren lanzar flechas al amor. Los americanos, que para esto son más listos, se colocan de dos en dos y os aseguro que les va mucho mejor.

Por otro lado, nos encontramos ante el famoso miedo al qué dirán. Este problema tiene su raíz en lo pequeño de las ciudades vascas en cuanto a número de habitantes, pues en estas condiciones, es más complicado pasar desapercibido para aquellos que se aventuran a dar el paso de estar con “cocodrilos”, “focas”, o en definitiva, cualquier persona que no cumple rigurosamente los estándares mínimos de belleza. Mi opinión es que en cuanto una persona cree que es ínfimamente más atractiva que la persona que le está echando los tejos, la segunda aborta la misión por el único motivo de no rebajarse, por el qué dirán los demás. Obviamente, esto complica mucho la formación de parejas tanto estables como esporádicas, delimitando el campo de juego y los equilibrios hasta límites insospechables.

La única solución posible es que las autoridades pertinentes, para felicidad de sus clientes-ciudadanos, financien una “invasión” de extranjeros a Euskadi. Pero tiene que tratarse de hordas y hordas, aunque sean gordas, de depravadas criaturas sexuales, pues mientras los autóctonos sean mayoría, los extranjeros imitarán su comportamiento y el problema no se solucionará. Así es como sucede en la actualidad con los pocos Erasmus que nos visitan y que apenas duran unas semanas bailando pegados a su pareja y diciendo las cosas que todos pensamos pero que nadie se atreve a decir.

Para acabar, hacedme caso y quedaos con que la mayoría de la gente está demasiado ocupada pensando qué piensan los demás de ellos como para tener tiempo para pensar en ti. Y hacedme caso también en que aquellos que no quieren fracasar, tampoco consiguen nunca avanzar. ¡Ánimo y mucha suerte!